Actitud me llaman

 

Hoy quiero escribir sobre la palabra “Actitud”, esa dimensión desconocida que nos diferencia de las millones de personas que habitan en este maravillo mundo.
En general, se suele decir que alguien tiene atitud cuando básicamente se parece a Beyoncé, George Clooney o a Maluma y que ese “alguien” camina arrollándose la vida por delante. También solemos utilizar la frase “tal o cual persona tiene MUCHA ACTITUD” para refenirnos a alguien con una personalidad determinada.

Si sos una de las personas que piensa que la actitud está reservada para aquellos con alguna característica en su personalidad socialmente aceptada como positiva, dejame decirte que es un pensamiento erróneo. O acaso una no podría tener mucha actitud… respondiendo con comportamientos negativos ante todas las circunstancias?
Tampoco deberíamos asociar su significado para referirnos a quienes son socialmente aceptados como lindos o extremadamente extrovertidos y simpáticos. Personalmente, opino que todos tenemos un paquete de actitudes que utilizamos ante determinadas situaciones y que emerge con mayor frecuencia casi siguiendo un patrón de comportamiento.

Según la Real Academia Española, hay dos definiciones para la palabra bajo análisis: 1-Postura del cuerpo que expresa un estado de ánimo y 2-Disposición de ánimo. Para interpretarlo de manera sencilla, la primera definición podría referirse a la actitud seductora de un hombre cuando quiere conquistar a una mujer. Para la segunda, podemos citar como ejemplo la actitud conciliadora de un organismo estatal. Dejando estos términos de lado, nos centraremos por un momento en la actitud de cada una de nosotras en pos de influir en nuestra belleza interna y para ponerlo en términos nuestros, para mí ACTITUD es ese “no sé qué” que cada una lleva como herramienta para su viaje.

Te estarás preguntando qué tendrá que ver todo esto con la belleza interna. Si me siento bella (digo siento porque tiene que ver con una sensación) me comporto como una mujer bella y por ende actúo como tal. Es más, comienzo a caminar como si fuera Jennifer Lopez cuando en sus videos pareciera que detrás de escena el ventilador le remueve los cabellos brillosos.

Personalmente, mi actitud ante determinadas situaciones de la vida es bastante enérgica: optimista y con ganas de hacer mil cosas, o bien tan enérgica que rozo la ira, el enojo o la impaciencia. En base a esto, me dí cuenta que esta actitud a veces me genera bienestar y otras veces no y por ello me propuse explorar qué actitudes me dejan un sabor de armonía y me hacen sentir conforme conmigo misma. Encontré que las veces que me sentí Jennifer Lopez, fue estando de vacaciones en la playa llena de arena, con el pelo seco de la sal y el mar mientras comía un riquísimo queijo quente (queso caliente que venden en las playas de Brasil). Si bien no tenía puesto un vestido hermoso y claramente tampoco estaba peinada como recién salida del salón de belleza, me sentía hermosa porque estaba en paz y felíz. Por ende, se desprendía de mi ser ese paquete de actitudes que me generaban placer y bienestar.

Toda esta introducción fue para proponerte lo siguiente: la próxima vez que digas que la mujer de allí divina y súper simpática que te hace pensar la gran actitud que posee y que sentís que vos no, tomate uno o dos minutos (mirá que poco) para recordar cuándo te mostraste con una actitud que te generó bienestar y te hizo sentir maravillosa. El día que hagas este breve ejercicio, antes de salir a comprar lo que necesitás para la comida de la noche, detenete en esa actitud e intentá salir a la calle focalizada en ella. Vas a ver cómo de a poquito tu ser comienza a desprender lo que te hace bien. Todas tenemos actitud, no lo olvides.

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