Aprendiendo a amar tu cuerpo

 

Como dice el dicho: primero se empieza por casa. El hogar de nuestro ser es nada más y nada menos que nuestro cuerpo. Es el vehículo que nos permite transitar el camino de la vida. Desde que arranqué con el Blog, confieso que estuve dando algunas vueltas pero finalmente logré unir mis pensamientos y algo de investigación sobre el tema. Espero que pueda ayudarte a hacer el mismo ejercicio mental que hice conmigo misma antes de comenzar a escribirlo. La pregunta que deberías intentar responderte con total honestidad es: ¿realmente amo u odio a mi cuerpo?

Personalmente, no creo que haya experimentado odio hacia mi cuerpo porque en general intenté (y sigo intentando) llevar una vida saludable, comer sano, aunque tengo mis épocas, y siempre trato de hacer ejercicio durante la semana, además de realizar los chequeos médicos habituales. De una manera precaria, lo fui cuidando (eso no quiere decir amándolo y aceptándolo). Recuerdo que hubo una breve época durante mi adolescencia, en la que creía que sentirse felíz con el cuerpo era sinónimo de asemejarse a esas modelos de revistas o TV. Pesaba 50 kilos y medía un metro setenta, con lo que te darás una idea de que era demasiado flaca. Aquí hago un paréntesis porque quiero dejar en claro, que el amor al cuerpo no tiene que ver con ser flacas o rellenitas, sino que se encuentra directamente relacionado con lo que sentimos en nuestro interior. Por supuesto que no duró mucho tiempo esta situación de delgadez y volví a comer felízmente y a disfrutar de los pequeños placeres que nos dá el comer como corresponde.

Esta pequeña experiencia, se suma a la de haber pasado mi niñez junto a dos abuelas con problemas de sobrepeso y depresión. Por partida doble, la vida me enseñó muy de cerca lo que es realmente no amarse y aceptarse mediante estos dos ejemplos. Obviamente mis abuelas, en su rol siempre alimentaron mi infancia de momentos felices, pero para con ellas mismas, era otro cantar. El descuido, no querer visitar médicos, no querer siquiera vestirse o usar siempre la misma ropa, era moneda corriente. Ahí me dí cuenta que aprendí desde muy chica lo que significaba no amarse en un concepto más amplio. Este ejercicio de recordar qué eventos marcaron mi amor hacia el cuerpo y al camino de la aceptación, me sirvió para entender porque si bien no me odiaba, tampoco me amaba.

Descubriendo ésto, empecé a preguntar a personas cercanas por qué no sea amaban. Te listo las respuestas más comunes. Comienzo por lo más simple: echarle la culpa a la sociedad y a los medios de comunicación que nos imponen un prototipo de mujer que se encuentra vigente solo mediante cirugías estéticas, dietas estrictas y ejercicios poco saludables. Otra parte de la culpa la tienen los familiares y amigos que con toda la buena voluntad les dicen que están un poco más anchitas o que deberían dejar de comer ese chocolate o bien les recomiendan (sin solicitar el consejo) centros de belleza invasivos que podrían poner en riesgo la salud. También lo atribuyen a que no tienen tiempo para dedicarle amor a su cuerpo por tal o cual motivo y que es responsabilidad de aquello que les quita ese tiempo sin permitirles mimarse y darse gustos como hacerse masajes o tomarse un día de spa. Seamos honestas, ¿te sentís identificada con estas excusas? Seguramente sí, pero  ambas sabemos que ninguna de ellas es la causa de tu falta de amor.

No hay una fórmula mágica para aprender a amarnos paso a paso porque la única responsable de amarse y cuidarse sos vos y justamente sos ÚNICA, con una historia de vida única y con una forma de ser y pensar únicos. Lo mejor que podemos hacer es primero aceptar de una vez por todas que depende de nosotras, amarnos y respetarnos tanto como a los otros. No amás a tus hijos? Y a tu marido? Y a tus padres? O a tu mascota? Y no le dás todo lo que está a tu alcance para hacerlos felices? Entonces, me pregunto por qué no lo hacemos con nuestro propio cuerpo. Amarse implica aceptar cada rincón, desde el cabello hasta los pies y desde las caderas hasta los dedos, las  muñecas, el cuello, los ojos, en fin TODO NUESTRO VEHÍCULO. Si se rompe, no hay otro. No lo castigues más porque no tiene la culpa de que te hayas creado imagen falsa ideal sobre cómo podría ser.

Tu hermoso cuerpo es el resultado de todos tus antepasados (“buenos o malos”) y son quienes te dieron la posibilidad de estar acá y de ser quien sos. Además no te olvides que la belleza no es más que una moda, hoy está vigente ponerse más busto y tener una cintura de avispa pero en el pasado no fue así, es más, las mujeres voluptuosas con curvas y vientres abultados eran símbolo de belleza. Por lo tanto en el futuro los parámetros sociales van a ser otros y distintos a los de hoy.

Otro punto importante que quiero recalcar a las madres y a los padres, es que cuánto más demostremos delante de nuestro hijos que no amamos nuestro cuerpo, estamos dándoles el ejemplo a seguir de que no amarse es lo común. Esa conducta después va a ser replicada por esos niños o niñas cuando empiecen a vivir los cambios en sus propios cuerpos. ¿Te gustaría escuchar a tu propio hijo/a hablar de que no le gusta su cuerpo?

Lo único que tiene que bastar para ser felices con nuestro cuerpo es tener la posibilidad de llevar una vida saludable y agradecer por ello mientras perdure. Mirate al espejo y decile a tu reflejo que lo amás, practicalo cada día. Que le agradecés que te dé la posibilidad de ver, tocar, de bailar, de escuchar, de simplemente existir. Sé que nada de esto es sencillo. Lleva un trabajo interno, tiempo y mucha paciencia. No vamos a poder amarnos de un día para el otro porque es como cuando conocemos a alguien y salimos en la primera cita. No nace el amor ese mismo día, se requiere de tiempo y de estar dispuestas a seguir conociendo al otro. Aprender a amar tu cuerpo es como ir a distintas citas hasta que te enamores por completo y estés orgullosa de que sea único y solamente tuyo.

Insisto en que no hay una única receta o un manual, porque el amor debe surgir desde nuestro interior y ser sincero. Cada persona es distinta y la forma de curarse, sanarse y finalmente aceptarse, es parte de un proceso individual. Si luego de este ejercicio que hicimos juntas, te dás cuenta que realmente no estás enamorada de cada rincón tuyo, te propongo que reflexiones sobre el por qué y que al aceptarlo dejes ir aquello que te impide sentirte bien con vos. También podés pedirle a tu familia, amigos, a un grupo de personas que estén en la misma situación que te ayuden a volver a sentir ese amor que en algún momento existió en tu interior porque cuando eras chica e inconciente respecto de estos temas, probablemente te amabas tal cual eras.

Si te lo proponés, con el tiempo vas a volver a encontrar esa pieza perdida para lograr el equilibrio.

“Y le dije a mi cuerpo: quiero ser tu amiga y me contestó: esperé toda la vida para escuchar esto”

 

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