El arte de DISFRUTAR (parte II) – Balance fin de año

 

 

Como era de esperarse, llega el momento de cierres y balances de nuestras experiencias vividas a lo largo de este último año. ¿No te pasa que empezás a hacer una lista interminable de las cosas que hiciste y no hiciste? Y luego de eso, seguramente llegás a la conclusión de qué tan bueno o malo fue el 2017. De hecho el otro día, yo misma comencé a hacer este poco útil balance hasta que me dí cuenta de lo obvio: el 31 de diciembre NO SE TERMINA EL MUNDO.

Me puse a pensar de qué sirve hacer este ejercicio mental si usualmente no nos lleva a ningún lugar positivo porque si estás contenta y disfrutando el hoy, no insistís en recordar momentos tristes del pasado, los proyectos u objetivos no cumplidos o ese amor que se terminó. Si pasaste por algo que consumió parte de tu energía y lo fuiste superando, ¿por qué insistir en recordarlo y amargarse? Todas las personas pasan por malos y tristes momentos, y bien sabemos cuánto nos cuesta salir de ellos como para que encima estos momentos nos gobiernen cada navidad o cada festejo de fin de año.

Hay un cuento que leí de chica, gracias a mi madre postiza, que trata sobre un viajero que llega a un pueblo para visitar a un viejo amigo. Allí se entera de que su amigo había fallecido. Triste, decide pasar por el cementerio a dejarle flores. Cuando está caminando entre las tumbas, se dá cuenta de que la cantidad de años de vida de cada persona que figuraba en las lápidas, era inferior a los 10 años. Por un momento, el viajero piensa que se equivocó de lugar ya que parecía que todos eran niños, pero antes de dejar el jardín, encuentra la lápida de su amigo que decía “años de vida: 6”. Intrigado por este error, habla con el cuidador para que corrijan la lápida. Éste le dice que no hay nada que corregir y que esa era la cantidad de años que realmente había disfrutado su amigo en la vida. Cada persona en ese pueblo era dueña de una libreta en la que se anotaban los momentos felices y la duración de los mismos. Al morir, se sumaban los momentos y eso daba una cantidad de años que se insertaba en la lápida. El viajero, sorprendido, se va pensando sobre lo que había descubierto. Cuando llega a su casa, compra una libreta y pone en práctica lo que había aprendido, entendiendo que lo único que nos llevamos con nosotros son los momentos felices.

Este año te propongo que en vez de hacer un balance en donde hay dos columnas, completes solo una con los momentos felices y que disfrutaste de verdad con todo tu ser. Buscalos porque seguro están, no vale decir que no hubo ninguno porque no lo creo. Como dice esta frase: “Una cerveza con amigos. Despertarte con un beso. Un consejo de tu viejo. El cuídate de tu mamá. la felicidad está ahí y la seguimos buscando”.

¡Que disfrutes estas fiestas!

 

 

 

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