El secreto de la femeneidad sagrada

 

¿Alguna vez escuchaste hablar de la femeneidad sagrada? Si la respuesta es no, es probable que, como la gran mayoría de las mujeres del mundo moderno, te hayas desconectado del lado profundo e innato que todas llevamos dentro. Tanto los hombres como las mujeres, poseemos dos tipos de energías que fluyen de manera complementaria, es decir, lo femenino y lo masculino son parte de todos nosotros sin importar el sexo. La energía masculina abarca los conceptos del hacer, el activar, el organizar, planificar, en fin acciones asociadas a la mente y al elemento fuego. Por otro lado, la energía femenina se corresponde con el “no hacer” o mejor dicho con el “sentir” y los conceptos que abarca son el dejar fluir, la quietud, la receptividad, todo aquello relacionado con el corazón y el elemento agua.

La energía masculina está representada por la acción y el pensamiento. La femenina se identifica con la no-acción y el “sentir”.

Lamentablemente, hoy como sociedad en conjunto hemos perdido esa conexión con la femeneidad sagrada y para volver a reconectarnos con ella se requiere de una búsqueda profunda hacia nuestro interior. En otros tiempos, era moneda corriente rendirle culto a las diosas antiguas que invocaban los misterios de nuestra esencia en donde cada deidad representaba una faceta de nuestro interior. Algunas de las diosas más famosas las encontramos en las civilizaciones romanas y griegas como la Diosa Vesta o también llamada Hestia (según su procedencia romana o griega) quien representaba el fuego del hogar y el interior de la personas junto con el concepto de fidelidad. Las sacerdotisas vestales eran las encargadas de mantener prendida la llama que se encontraba encendida en su templo. Estas prácticas formaban parte de la vida diaria de las personas de esa época. En la astrología, las energías masculinas se asocian al planeta marte, el dios de la guerra y las femeninas, son regidas por el planeta venus, la diosa del amor y la seducción. Martes y Venus, son complementarios y se requiere un equilibrio entre ambos para encontrar la armonía. Por ejemplo, la danza es una clásica representación de la interacción entre marte y venus siendo la mezcla justa entre el movimiento y la sensualidad, entre el hacer y el sentir al mismo tiempo que se realizan los pasos al ritmo de la música.

Retrato de venus. Fuente: Pinteret

Pareciera existir un desequilibrio entre estas dos fuerzas, ya que por un lado las mujeres tuvimos que polarizarnos y tomar roles de acción en casi todos los ámbitos de nuestra vida diaria. A medida que fuimos ganando terreno, fuimos tomando más de nuestra energía masculina porque para salir al mundo exterior tuvimos que actuar, estar en movimiento. Muchas hemos adoptado esta postura para hacernos un lugar en la escala laboral o bien para asistir a la universidad o para emprender algún negocio. Al llegar a casa, también seguimos actuando y haciendo mil cosas porque disponemos de poco tiempo y seguramente hay que hacer las compras, preparar la comida de nuestros hijos, lavar la ropa, ordenar, asistir con la tarea del colegio, visitar a nuestros padres, o lo que sea que hagamos. Así es como fuimos dejando a un lado ese rol de fluir con la vida, de darle calidez a nuestro hogar y escuchar nuestros sentimientos. Dejamos la seducción para las aplicaciones como tinder cuando en realidad nuestra sensualidad se basa en ser nosotras mismas con todo lo que implica, nuestro cabello, nuestro cuerpo, nuestra mirada, nuestra personalidad. Ser sensual en un sentido más amplio se refiere a la atracción que generamos en las demás personas, en la parte suave de nuestro carácter. Pensamos erróneamente que vestirse de rojo con escote y tacos es ser fememenina y sensual cuando en realidad eso sigue siendo una expresión de las energías masculinas.

Venus y Marte, Sandro Botticelli. Fuente: Pinterest

Esto no quiere decir que no debamos hacer nada o que tomar la iniciativa esté mal, el desequilibrio se genera porque lo hacemos en exceso. Las energías femeninas son representadas por el óvulo de la mujer, el cual es receptor del esperma para la concepción. Si el óvulo se moviese hacia él, lo aplastaría. Eso resume de una manera sencilla la necesidad de volver a estar en armonía con ambas energías para sentirnos bien con nosotras mismas y dejar de percibir la incomodidad indefinida siendo conscientes de que nuestra energía marciana no nos alcanza para vivir en plenitud. Otro indicio de este desequilibrio es que los hombres también perciben esta falta de energía y tienden a comportarse sin rumbo, sin saber si deben accionar o bien ser receptores, ya que la mujer ocupó muchos de sus lugares. Es común tener que lidiar con relaciones afectivas en las que las mujeres son únicamente quienes llevan la iniciativa en la mayoría de los aspectos. El famoso histeriqueo que era por excelencia una característica de la mujer, ahora pertenece en mayor medida a los hombres, quienes han logrado encontrar las energías femeninas que las mujeres hemos dejado de lado.

Una manera de volver a conectarnos con la esencia del femenino sagrado, es rendirle culto y sentirnos orgullosas de escuchar nuestros sentimientos, dejar fluir nuestro ser, dar y también darnos el permiso para recibir. Por algo se dice que la mujer es un misterio. Es lo desconocido, lo que no se vé en la superficie y que no tiene una forma definida. Es importante aprender a no juzgarnos mutuamente, especialmente cuando vemos a alguna de nosotras que se encuentra en proceso de reconectarse con esta energía volviendo a ser como antaño compañeras de vida convirtiéndonos en guías unas de otras, enseñándonos a sanarnos mutuamente y dejando a un lado el rol de competencia que hoy vemos otras mujeres. El hecho de conectarnos con la música, el arte, la danza, la belleza, la naturaleza, decorar objetos de la vida diaria, escribir, cantar, prender velas aromáticas, mimar nuestro cuerpo y nuestra mente, nos acercará a nuestra energía femenina así como la quietud y el ser receptivas con nosotras mismas y con los demás. Otra de las formas de acercarnos es reconectarnos con nuestro ciclo menstrual. Ya hemos hablado de esto en el post de luna roja y el ciclo femenino.

Hoy prendí una vela en honor a Venus para que guíe mi búsqueda hacia la femeneidad sagrada. ¿Se te ocurre alguna otra forma de reconectar con tu propia esencia femenina? Dejame tus comentarios!

 

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