Soltera y sin hijos. ¿Condenada o autocondenada?

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Si hay algo que me enseñó la sociedad en la que vivo, es que existen mandatos sociales muy fuertes si querés ser parte de ella.
Cuando cumplí 30 años, la primer pregunta que recibí de ella fue: ¿cuándo hacés la fiesta de casamiento? y la segunda fue: ¿están en la búsqueda de un bebé? Qué hubiera pasado si justo en ese momento estaba atravesando un mal momento con mi pareja o alguno de los dos no quería “formalizar” o yo estaba dudando de la credibilidad del matrimonio porque mi mejor amiga estaba sufriendo una separación.
Y en cuanto a los hijos, ¿quedaba mal decir que no quería ser madre o que no me sentía preparada o que hace meses que llevábamos intentándolo sin éxito?

Generalmente, estas preguntas nunca son malintencionadas y provienen de personas que realmente nos aprecian o bien incluso podemos hacerlas nosotras mismas a nuestros seres queridos, amigos o conocidos. Pero al mismo tiempo son preguntas delicadas y el efecto que generan en nosotras las mujeres es el de una especie de orden que queda en el inconsciente como un pajarito que nos picotea la cabeza cada vez que estamos por tomar alguna decisión afectada por estos temas.

Algunas malas decisiones que podrían verse afectadas podrían ser el hecho de continuar con nuestro chico porque nos corre el reloj biológico a pesar de que ya no hay amor y que nuestro futuro hijo no sería fruto de ese cariño sino de un deseo individual. También podríamos empezar a presionar a la pareja para que nos propongan casamiento. ¿En dónde entra nuestro libre albedrío en todo esto?
Como mujeres, es importante que nosotras mismas respetemos nuestros tiempos y necesidades primero en vez de darle lugar a la mirada de los demás. Cada persona es única y no sabemos qué es lo que está pasando en su vida, qué mochilas arrastra de su familia de origen que podría restringir su voluntad hacia el matrimonio porque tal vez sus padres atravesaron un divorcio difícil.

Cuántas veces escuché la frase dicha por nosotras “por algo estará sola”. Tal vez será porque no tuvo suerte con los hombres o predica con el “mejor sola que mal acompañada” o simplemente no le gusta estar atada a nadie. Más me sorprenden aquellas personas que se casan y a los poquitos meses se separan o tienen hijos y ya dejan de lado a su pareja.

No nos condenemos por no ser lo que creemos que debemos ser, condenémonos aquel día que no seamos felices por algo que esté a nuestro alcance y vemos que no hacemos nada por ello. Condenémonos si no seguimos nuestros deseos y nuestra propia voluntad porque ahí es cuando estamos dejando nuestro ser de lado para darle paso a otros que no son los verdaderos actores de nuestra vida. Las actrices SOMOS NOSOTRAS. Juguemos el papel que no haga sentir bien y verdaderamente plenas. ¡Liberémonos!

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